Trekking Salkantay – Machu Picchu


Por: Faride Altamirano – Metropolitan Touring Perú

Debo confesar que al principio estuve un poco asustada, decían que éste trekking era aun más difícil que Camino Inca o que Choquequirao. Además, yo  haría el programa de 5 días en tan solo 4 y seríamos 7 caminantes, siendo yo la única peruana del grupo y un guía.

Salimos a las 4am de Cusco en bus hacia Mollepata. Las 3 horas de viaje en el frío y la mala noche eran opacados por la emoción de esta nueva aventura. Llegamos a éste típico pueblito de los andes y luego de revisar que no falte nada en nuestro equipaje, empezamos la caminata llenos de adrenalina! El clima era templado y el camino era todavía fácil. Entrábamos a diferentes microclimas; a medida que íbamos subiendo, la vegetación cambiaba hasta convertirse solo en ichu y ya no escuchábamos aves, lo cual nos alertaba que debíamos tomar más agua para compensar la falta de oxigeno en nuestro organismo. Durante el trayecto se aprecian distintos pisos ecológicos, planicies alto andinas y pequeños caseríos.

Llegamos a Rayanniyoc donde por fin, almorzamos!!! El frío era ya insoportable y por el esfuerzo teníamos la ropa empapada de sudor (indispensable llevar ropa a la mano para cambiarse durante el trayecto). El descanso no duró mucho pues debíamos apurarnos, nos quedaba 6 horas de caminata en ascenso. A las 2PM llegamos al ABRA SALKANTAY a 4,600 m.s.n.m. donde hicimos una “apacheta” con las piedras que llevábamos en nuestros bolsillos desde Mollepata para agradecer a la montaña por habernos permitido subir a ella sin contratiempos, lo que además nos unió más como grupo. 

Empezamos el descenso hasta la zona de camping. Los imponentes nevados nos rodeaban, una neblina de aire medio mentolado nos purificaba mientras lo único que quería era detener el tiempo para disfrutar un poco más de ese espectáculo, pero debíamos apurar el paso, no tardaría en oscurecer.
La noche nos agarró a 30 minutos del campamento. Llegamos después de muchas risas, bromas y mucho frío al campamento. A -10C pasamos la primera noche.

El 2do día despertamos y con los primeros rayos de sol pudimos darnos cuenta de nuestro entorno, una cadena de montañas a nuestra derecha y a la izquierda,  El Sankantay, con su perfecta forma piramidal, tan majestuoso e imponente, sabíamos que estábamos frente a una divinidad Inca: el Tayta Salkantay.  Empezamos el descenso, debíamos llegar a los 2,200 m.s.n.m. Después de 02 horas de caminata el paisaje había cambiado bruscamente, estábamos entrando a ceja de selva. EL PERU LO TIENE TODO! Orquídeas de todos los colores y helechos competían por buscar un poco de sol entre los tupidos árboles. El clima tan húmedo era hábitat de uno de los animales más enigmáticos y símbolo del Perú: El gallito de las Rocas. Eran las 5PM, habíamos caminado por 11 horas, y faltaban 30 minutos para llegar a nuestro próximo campamento, “La Playa”, cuando un ruido nos hizo detenernos bruscamente, en silencio afinamos la vista entre los árboles y ahí estaban…Gallitos de las rocas, uno macho y una hembra saltando de rama en rama.

El tercer día salimos en bus hacia Lucmabamba (1hr).y a las 09hrs empezamos el trekking. Cruzamos el río en una “oroya”, especie de canasta metálica con un sistema de poleas, lo cual le puso el toque de aventura. Llegamos a las 13hrs a la Hidroeléctrica. Después del almuerzo reanudamos la caminata hacia el Pueblo de Aguas Calientes esta vez sobre las rieles del tren. El río Vilcanota rugía advirtiendo que el lugar donde entrábamos era sagrado por lo que merecía respeto. Un vez más los Gallitos de las rocas salieron a nuestro encuentro. Después de 03 horas de caminata pasamos el segundo túnel que revelaba el pueblo de Aguas Calientes. Hoy dejaríamos las carpas y los sleepings para pasar la noche en un cómodo hotel.

El último día despertamos a  las 4:30am y medios dormidos aun empezamos a caminar cuesta arriba, debíamos llegar a la ciudadela de Machu Picchu antes del amanecer. Con linternas en mano, un frío húmedo que calaba en los huesos pero una emoción descontrolada por descubrir la ciudadela Inca con los primeros rayos de Sol empezamos el ascenso. Esta era mi sexta o séptima vez en Machu Picchu, pero la emoción era mayor por todo el esfuerzo realizado para llegar.

Esa misma tarde tomamos el tren de regreso al mundo real.

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