Erupción del Volcan Fernandina en las Islas Galápagos


Por:  Capitán Christian Cuvi Rinsche

Relato del Capitán del M/N Santa Cruz, Domingo 15 de Mayo del 2005.

A las 0105 del día Domingo 15 de mayo, a la altura de Punta Essex ( Isla Isabela ), en latitud 01 00.5 S y Longitud 091 28.4 W, avistamos los flujos de lava en el volcán Fernandina ( a unas 30 millas de nuestra posición hacia el NNW ). Hemos puesto rumbo hacia la parte sur de Fernandina, a un punto equidistante entre cabo Hammond y Punta Mangle, las máquinas avante a toda su fuerza. A las 03:30 posicionamos la M/N Santa Cruz a media milla de la costa, todos nuestro Huéspedes y tripulación están despiertos desde temprano en la madrugada, para no perderse un instante de este increíble y sobrecogedor espectáculo natural que se ofrecía a nuestra vista. En el interior del cráter salta el magma cual inmensa olla en ebullición, y un enorme rió de lava empieza a fluir desde el cono sur del volcán acompañado de una frenética emisión de gases que pintan al cielo un tono de fuego. El cielo esta completamente despejado y a este indómito espectáculo, se juntan las estrellas que brillan en silenciosa complicidad con el coloso ardiente. La Osa mayor que hasta hace algunos instantes nos guiaba, parece haberse fundido en el cráter, y un nuevo rió incandescente de formidables proporciones despierta la unánime exclamación de júbilo entre los que estábamos presentes, sin poder aún creer lo que estábamos viendo.

Según mis cálculos, los ríos de lava deben tener un ancho de al menos 1/4 de milla, y bajan hasta alcanzar unas 3 millas de longitud, donde se detienen y mueren en el lapso de una hora. La lava parece haber alcanzado hasta unas dos millas y media antes de la costa, donde aún brillan puntos incandescentes que rehúsan apagarse.

No fueron suficientes las memorias de las cámaras digitales para la lluvia de imágenes que disparábamos todos sin cesar, que nos fundíamos en interminables preguntas, suposiciones, conjeturas, teorías, reflexiones y asombro de estar presenciando uno de los espectáculos más increíbles de la naturaleza. Así continuó toda la madrugada, sin que nadie se halla movido un milímetro de su puesto de observación, hasta que el primer resplandor de la madrugada apareció hacia el Noreste. Casi al finalizar el crepúsculo, solo Vega seguía a unos 45 grados de altura al NW como solitaria estrella, esquivando la idea de dar fin a lo increíble, lo irreal, lo inverosímil.

Y para darle el tono fantástico , apareció lentamente el Sol por el NE, mostrándose en titánico desafío del ingente volcán. Se tiñeron los cielos de diferentes colores, rosado, púrpura, azul celeste…

Fernandina siguió ardiendo hasta las 06:30 de la mañana, hora en la cual una avezada nube subió sigilosa a la cumbre y pareció apagar la hoguera, solo un enorme hongo de vapor y gases se elevaba en impetuoso cúmulo unos 5 kilómetros al firmamento.

Lluvia efusiva de agradecimientos y felicitaciones mutuas compartimos huéspedes y tripulantes a esa hora, y habiéndonos extasiado los ojos y el espíritu, todos nos sentimos parte de la extraordinaria naturaleza, de lo real, de lo divino…

A las 07:00 de la mañana, el M/N Santa Cruz tomó rumbo Sur a Puerto Villamil, dejando atrás a nuestro gigante, sin antes disculparnos por haber sido tan atrevidos.

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