El Rescate en las Islas Galápagos


Por: Christian Cuvi Rinsche Capitán M/N Santa Cruz

Lamento no haber mencionado antes tan emocionante acontecimiento, claro que me picaba la lengua por contarlo, y de hecho ser el primero en hacerlo, pero al final se me pasó por alto, sin embargo no pienso privarles de mi relato.

El día Miércoles 21 de Julio del 2004, mientras nos preparábamos para zarpar de Genovesa a Seymour Norte, recibimos la noticia por canal 26, que una embarcación estaba al garete pidiendo auxilio desde la madrugada del mismo día. El Yate Angelique, que estaba fondeado a nuestro babor, llamó también a informarnos, que la nave, había reportado su posición de las 09:00 en lat: 0 03.0 S y Long: 90 02.0 W, en deriva hacia el NW. Coordenadas que estaban en nuestra ruta, por lo que apenas salido de la boca de Isla Genovesa, nos pusimos en contacto con la embarcación en dificultades: Velero CHARANNE, de bandera francesa. Efectivamente, dicha embarcación, pedía auxilio en franca desesperación, porque todos sabían que estaba en problemas, pero nadie lo ayudaba. Según mis cálculos, si manteníamos rumbo, debíamos interceptarlo en nuestra ruta aproximadamente en una hora, y efectivamente pocos minutos después la teníamos al alcance de radar. Tranquilizamos al velerito, que contaba apenas con 8 metros de eslora e informé a capitanía Seymour que procedíamos al rescate. El único ocupante del velero fue un extraño personaje Francés, que viaja solo por el mundo, su vela mayor estaba en avería, y para rematarla se quedó sin combustible. Se trataba de un hombre de no pocos años, con el pelo largo, revuelto y encanecido, con la piel curtida por el sol y agua salada. Sus ropas no habían visto la cuba de lavar hace meses, y estaba desprovisto de dos de sus dientes delanteros. Aún así, tenía un semblante decidido y enérgico, como el de un general en retiro, luego de mil batallas. Para salvar su desventurada situación, pedía 3 bidones de 5 galones de Diesel cada uno, para llegar hasta Baltra, lo cual le concedimos, apelando a nuestra sensibilidad de gente de mar, y además por supuesto, porque estábamos obligados a hacerlo. Las muestras de emoción y júbilo de aquel hombre, no se ven todos los días, y quien tenga la oportunidad de presenciar algo similar no dejará de estar conmovido hasta las lágrimas. Nos ha ofrecido el pago en efectivo, pero le he mencionado, que no podría hacerlo, porque media hora de operación del Santa Cruz, estaba seguramente fuera de su presupuesto, y eso sin contar con los 3 bidones de diesel. Pero pensando que deberíamos dejar oportunidad para que aquel fantástico viajero muestre su agradecimiento, le propuse que nos recompense con un vino tinto y un queso francés, que a propósito, lo estaremos saboreando el domingo con la comida típica en nuestro nuevo y lujoso comedor de Oficiales. Así brindaremos por nuestros logros, y por que no decirlo, por lo bueno que somos: salvando almas en peligro, y siendo generosos ( aunque no salga de nuestros bolsillos ). Tal Quijotesca aventura, nos causó un retraso importante a nuestro destino, pero ajustamos la marcha de tal manera que nuestro arribo a Seymour Norte fue a las 15:40

Sin embargo, aquí no acaba nuestra hazaña, porque aún viene algo más interesante: regresando unas líneas atrás, cuando aún estábamos a 8 millas del rescate, recibimos también la llamada de una fibra de la Capitanía de Seymour, que según su relato habían salido en búsqueda del velero en horas de la mañana, y también estaban perdidos. Cuando vieron el resplandor blanco de nuestra popa, llamaron con voz de hombres resucitados. Yo les di instrucciones de rumbo y posición, para que puedan seguirme, porque no pensaba en detenerme. Así nos encontramos juntos en el sitio de rescate, salvando también su pellejo los avezados marinos. Me consultaron por el rumbo que debían tomar para Baltra, puesto que carecían de un posicionador geográfico, y no había tierra a la vista. Les he dicho que me sigan, y una vez que avisten tierra, pueden seguir independientes. Con esto, no salvamos un bote, sino dos, ni tampoco un solitario Francés, sino tres valientes, audaces y Kamikases miembros de la gloriosa Armada. Ni relatar lo mucho que disfrutaron nuestros huéspedes de tan épica hazaña.

Lamento nuevamente no haber compartido esta aventura con ustedes, y creo que en el brindis de este Domingo, estaré de todas maneras con cargo de conciencia.

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